Esos ojos verdes que me miran,
me llenan el alma de ilusión,
brillan más que dos luceros
perdidos en la noche de mi corazón.
Y cuando tu dulce voz me susurra:
Aquí tienes una amiga de corazón»,
se calma mi tristeza,
y vuelve a latir mi ilusión
Si alguna vez me ves llorando,
no tengas miedo de acercarte;
toma un pañuelo con ternura
y deja que mis lágrimas hablen.
Después, cuando mi llanto termine,
verás mis ojos volver a brillar,
y en ellos leerás en silencio
un «gracias» difícil de explicar.
Gracias por no dejarme a la deriva,
por regalarme tu amistad sincera,
y por hacerme sentir que, incluso en la noche,
hay ojos verdes capaces de iluminar mi vida.