Tú, que me inspiras en la noche con tu dulce sonido, haces que el Poeta de la Dulce Pena
convierta sus pensamientos en bonitos versos de amor, alegrando el corazón
de quien los lee.
Pero cuando no te encuentra, aquellos bonitos pensamientos
se convierten en dolor, mucho dolor, en tristeza y en un sufrimiento infinito.
Ay, bella y hermosa musa, no me dejes, pues sin ti moriré de tristeza y dolor.
Me romperás este débil corazón que tanto te ama y te idolatra.
Musa, te has ido y me has dejado.
Y ahora ya no sé qué escribir,
porque mis palabras se han quedado vacías y mis versos han perdido su inspiración.
Musa, vuelve.
Pues sin ti siento que no soy nadie.
Vuelve y envuélveme de nuevo con tu dulce sonido.
Haz que mis pensamientos vuelvan a ser poesía.
Haz que mis versos sean un canto a la buena y verdadera amistad,
esa que nace del corazón y que no necesita nada para ser sincera.
Haz que el amor vuelva a brillar y que nada ni nadie pueda apagarlo.
Porque cuando la musa del poeta se marcha,
también se marchitan las flores del amor.
Y entonces sus poemas solo hablan de dolor,
de tragedia, de muerte, de tristeza y de un corazón roto.
Pero el poeta sabe que ninguna flor marchita está condenada a morir para siempre.
Porque espera. Espera la llegada de la primavera. Espera el regreso de su musa.
Y cuando ese día llegue, cuando la musa vuelva a llamar a su corazón,
las flores marchitas del amor volverán a florecer.
Volverán las palabras. Volverán los sueños. Volverá la inspiración.
Y aquellos poemas nacidos del dolor se transformarán en poemas de amor, de amistad
y de felicidad.
Musa, mi corazón te llama. Y tú volviste.
Volviste de nuevo a ser mi dulce inspiración.
Y entonces comprendí que todo aquello que un día escribí
en mis poemas de dolor quizá no fuera solamente tristeza.
Quizá eran versos esperando su momento. Esperando que regresaras.
Porque el día que mi musa vuelva, mis poemas ya no hablarán de despedidas.
Hablarán de encuentros. Ya no hablarán de lágrimas. Hablarán de sonrisas.
Ya no hablarán de muerte. Hablarán de vida.
Y todo aquello que en el pasado escribí en mis poemas...
algún día se habrá cumplido.