Volver a los poemas

Los infiernos del poeta

Jesus Gil · 3 oct 2026

Los infiernos del poeta


He conocido los infiernos

donde la noche no termina,

donde la luna parece esconderse

y hasta las estrellas

tienen miedo de mirar.

He caminado entre sombras,

con el alma hecha jirones,

arrastrando silencios

que pesaban más que las cadenas

de cualquier condena.

Allí vivían mis demonios.

Algunos tenían nombre,

otros solamente eran recuerdos,

palabras que nunca dije,

abrazos que perdí,

y heridas que aprendieron

a hablar cuando todo callaba.

En aquellos infiernos

el poeta escribía con lágrimas,

porque ya no encontraba tinta

capaz de explicar

todo lo que llevaba dentro.

Cada lágrima era un verso.

Cada noche, una página.

Cada amanecer que llegaba

era una pequeña victoria

contra la oscuridad.

Hubo noches

en las que pensé que no quedaba camino.

Pero siempre,

en algún rincón de mi alma,

quedaba una pequeña luz.

Tan pequeña

que casi no podía verla.

Pero estaba allí.

Y aquella luz me enseñó

que incluso en el infierno

puede nacer una esperanza.

Entonces levanté la mirada

y vi a mi luna.

No me prometió

que el camino sería fácil.

No me dijo

que las heridas desaparecerían.

Simplemente permaneció allí.

Y comprendí

que quizá vencer

no significaba olvidar los infiernos,

sino aprender a salir de ellos

sin dejar que se llevaran

lo que todavía quedaba de mí.

Por eso sigo escribiendo.

Porque mis demonios

quisieron convertir mi historia

en una tragedia.

Y yo decidí convertirla

en poesía.

Hoy camino entre las ruinas

de aquel hombre que fui.

Recojo sus pedazos,

uno a uno,

y construyo con ellos

alguien nuevo.

Quizá por eso me llaman

el Poeta de la dulce pena.

Porque conocí el dolor,

viví en sus noches,

lloré bajo su luna

y escuché de cerca

la voz de mis propios infiernos.

Pero no pudieron conmigo.

Porque todavía escribo.

Todavía sueño.

Todavía camino.

Y mientras exista

una sola palabra dentro de mí,

una sola estrella en el cielo,

una sola razón para levantarse...

los infiernos del poeta

no tendrán la última palabra.

La última palabra

la tendrá la vida.