MOISÉS
En recuerdo de mi padre, Moisés Gil Camino
Hoy he mirado al cielo
y te he buscado entre las estrellas,
esperando encontrarte en el infinito,
esperando que por un instante pudiera volver a verte.
Pero ha sido inútil.
He apretado los dientes intentando contener las lágrimas,
hasta que el dolor ha vencido y mis ojos han comenzado a llorar.
Han pasado los años,
más de veinte,
más de treinta...
Y todavía hay días en los que despierto sobresaltado,
porque hay recuerdos que el tiempo no consigue borrar.
Recuerdos malos,
crueles,
pero reales.
Recuerdos de aquella tarde,
de aquel atardecer violento lleno de dolor y melancolía,
en el que tu vida terminó de una forma que todavía me cuesta aceptar.
La noche está oscura.
Sopla el viento
y el frío atraviesa mi ropa
y se clava en mi cuerpo
como cuchillas afiladas.
Y entonces el viento vuelve a hablarme de ti.
Me trae aquello que quisiera olvidar pero que no puedo.
Y aquella tarde vuelve a pasar delante de mis ojos como una mala película,
una película que nunca quise ver y que mi memoria se empeña en repetir.
Hoy he vuelto a llevarte flores.
He vuelto a tu tumba en ese aniversario fatal,
y al mirar tu nombre las lágrimas han brotado solas,
con dolor y amargura.
Treinta y tres años. ara el 01-10-2026.
Y todavía me duele.
Porque aquella tarde o solamente terminó tu vida.
También cambió la mía.
Me marcó para siempre.
Cuando era niño no comprendía muchas cosas.
Solo sabía que te habías ido y que ya no volverías.
Hoy soy adulto y comprendo muchas de aquellas cosas que entonces no podía entender.
Los años me han enseñado a comprender tus palabras,
tus consejos,
aquello que intentaste enseñarme cuando todavía estabas entre nosotros.
Y ahora sé
que muchas de aquellas enseñanzas
me han servido para sobrevivir
a mis propias tribulaciones.
Por eso quisiera que bajaras un instante de tu cielo.
Solo un instante.
Lo suficiente para poder mirarte,
abrazarte y decirte:
gracias, padre.
Gracias por lo que me enseñaste.
Gracias por aquello que dejaste en mí sin saber quizá
cuánto iba a necesitarlo algún día.
Te echo tanto de menos...
Quisiera poder verte una vez más,
sentir tus brazos,
darte aquel abrazo que la muerte me negó
y decirte todo lo que nunca pude decirte.
Sé que ya no puedo encontrarte aquí.
Pero también siento que desde algún lugar del cielo sigues cuidándome.
Has estado a mi lado en mis momentos más difíciles.
Me has visto llorar de dolor y desesperación.
Me has visto caer,
sentirme solo,
sentir que no tenía fuerzas
para continuar.
Y quiero creer que entonces estabas conmigo,
aunque mis ojos no pudieran verte.
Tú, mejor que nadie, conoces mis lágrimas.
Conoces mis heridas.
Conoces las injusticias que he tenido que soportar,
a quienes me hicieron daño y todo aquello que nunca pude entender.
Yo no pido venganza.
Solo pido justicia.
La justicia que algún día pondrá cada verdad en su sitio.
Porque tú sabes lo que ocurrió.
Y quizá desde tu cielo puedas comprender
todo aquello que aquí abajo yo nunca conseguí comprender del todo.
A veces me pregunto:
¿Qué puedo hacer?
Soy solamente un hombre.
Un hombre que ha sentido miedo,
dolor, soledad e impotencia.
Un hombre que muchas veces
ha tenido que continuar caminando
cuando por dentro ya no encontraba fuerzas.
Pero entonces recuerdo tus enseñanzas.
Y sigo.
Porque, aunque la muerte te llevó de mi lado,
no pudo llevarse todo lo que me dejaste.
Tu voz quedó en mis recuerdos.
Tus enseñanzas quedaron en mi corazón.
Y tu recuerdo sigue caminando conmigo.
Hoy vuelvo a mirar al cielo.
Y vuelvo a buscarte.
No sé si algún día volveré a encontrarte entre las estrellas.
Pero mientras tanto seguiré hablando contigo.
Seguiré llevando flores a tu tumba.
Seguiré recordándote.
Y cuando el viento vuelva a traerme aquella tarde de octubre,
cuando el frío vuelva a clavar sus cuchillas
sobre mi piel y las lágrimas vuelvan a brotar solas,
cerraré los ojos y pensaré en ti.
No en cómo te fuiste.
Sino en lo que dejaste.
En mi vida.
En mis recuerdos.
En tus enseñanzas.
En aquel padre al que todavía quiero abrazar.
Y quizá entonces comprenda que hay personas que mueren
sin desaparecer completamente.
Porque mientras alguien las recuerde,
mientras alguien pronuncie su nombre,
mientras alguien las lleve dentro del corazón,
no se han ido del todo.
Y tú, padre, sigues conmigo.
Aunque no pueda verte.
Aunque no pueda abrazarte.
Aunque hayan pasado mas de treinta y dos años.
Te echo de menos, Moisés.
Descansa en paz.
01-10-1993 — D.E.P.