Volver a los poemas

El triunfo de la voluntad

Jesus Gil · 12 ago 2026

EL TRIUNFO DE LA VOLUNTAD FRENTE A LA ADVERSIDAD

Cuando el dolor se convirtió en poesía


No nací para rendirme,

aunque la vida me golpeara,

aunque el dolor se hiciera noche

y la esperanza apenas respirara.

Hubo días sin respuestas,

noches largas, infinitas,

momentos en que hasta el alma

parecía darse por vencida.

Conocí el sabor de la ausencia,

la traición que deja heridas,

el silencio de quien amas

cuando se marcha de tu vida.

Conocí la desesperanza,

el peso de los recuerdos,

y ese dolor que lentamente

va apagando los sueños.

Pero algo quedó en mí,

algo que nadie pudo destruir:

una pequeña voz diciendo

«todavía puedes seguir».

Y seguí.

No porque fuera fácil,

ni porque dejara de doler,

sino porque comprendí un día

que también se lucha al caer.

Cada lágrima fue una palabra,

cada herida, una canción,

cada noche de tristeza

se convirtió en inspiración.

Lo que quiso destruirme

terminó enseñándome a escribir;

lo que quiso arrebatarme la vida

me enseñó a quererla y a sentir.

Y así nació el poeta,

no de la alegría,

sino de aquella dulce pena

que habitaba en mis días.

Escribí para no olvidarte,

escribí para comprender,

escribí porque en mis versos

todavía te podía querer.

Pero con cada poema escrito

algo comenzó a cambiar:

ya no escribía solamente por ti,

también escribía para sanar.

El dolor dejó de ser solamente dolor,

la herida dejó de ser condena,

y aquello que un día fue lágrimas

se transformó en poesía.

Hoy miro hacia atrás

y no reniego de mi historia.

No porque no me haya dolido,

sino porque también me dio memoria.

Porque sobreviví a mis noches,

porque aprendí de mis heridas,

porque cuando todo parecía perdido

encontré palabras para seguir con vida.

Y ahora sé que la adversidad

puede doblar, pero no vencer

a quien conserva dentro del alma

la voluntad de volver a nacer.

No vencí porque nunca cayera.

Vencí porque siempre me levanté.

No triunfé porque no sufriera.

Triunfé porque hice del sufrimiento

una razón para crear.

Y si algún día alguien pregunta

qué quedó después de aquella tormenta,

diré solamente:

quedaron poemas,

quedó una historia,

quedó un hombre,

y quedó un corazón

que, después de tanto dolor,

todavía sabe sentir.

Porque ese fue mi verdadero triunfo:

no conseguir que la vida dejara de herirme,