El Eco de la Sangre
Aún sangra el costado del invierno,
allí donde el amanecer tatuó su nombre,
pues no hay olvido que resulte eterno
ni cicatriz que la nostalgia no asombre.
Pasó el dolor de aquellos años grises,
el calendario suspendió su herida,
pero en el pecho habitan las raíces
de un amor que aún me reclama vida.
Y al tercer día... me puse de pie,
con los pedazos de un alma rota,
resucitando en lo que un día amé,
mientras tu ausencia todavía gotea.
No busco ya que se cierren las heridas,
pues son los ojos por donde mira el alma;
prefiero mil cicatrices encendidas
a la mentira de una maldita calma.
Que sangre el pecho si el recuerdo es vivo,
que ruede el llanto si el amor fue puro,
soy de mi propia tempestad cautivo,
el habitante de un palacio oscuro.
ella se marchó dejando un corazón herido
dejó un destello que la noche acuna,
y aunque su adiós me sentenció al olvido,
yo sigo aquí, cantándole a la luna.
No me destruye la herida que no sana,
la dulce pena es mi mayor fortuna;
seré el poeta que esperará el mañana,
aunque el destino no me dé ninguna.
Mis versos son la sangre del camino,
las notas tristes de un violín herido,
frente al silencio forjaré mi sino:
¡haber amado y nunca haber corrido!