El Ave Fénix
Creyeron que me habían destruido,
que habían acabado conmigo,
que me habían enterrado
varios metros bajo tierra.
No sabían
que bajo aquella tierra
estaba naciendo
otra versión de mí.
El dolor me dio palabras,
las lágrimas me dieron poemas,
y los golpes
me enseñaron a levantarme.
Hoy mi Ave Fénix
abre lentamente sus alas.
Todavía quedan cenizas
en mis plumas,
pero ya vuelve a volar.
Y volará más alto.
Porque no nací para quedarme enterrado.
Nací para levantarme.
Y mientras me quede voluntad,
la adversidad
nunca tendrá
la última palabra.
Jesús Gil Gil
El Poeta de la Dulce Pena