El álbum de nuestro corazón
Hay quien guarda fotografías
para que el tiempo no las borre.
Yo las guardo
porque en cada una de ellas
late un pedazo de mi corazón.
Abro despacio ese viejo álbum
y, de pronto,
vuelvo a encontrarte.
Ahí estás...
con esa sonrisa
que siempre conseguía iluminar mi mundo,
sin saber
que en ese mismo instante
ya estabas escribiendo
la historia más hermosa de mi vida.
Veo aquella mañana
en la que compartimos un desayuno.
El café humeaba sobre la mesa,
pero el verdadero calor
nacía de tu presencia.
Mientras fingíamos hablar de cualquier cosa,
yo solo pensaba
en la inmensa suerte
de poder contemplarte tan de cerca.
Después aparece la playa.
El viento juega con tu cabello,
las olas besan suavemente la orilla
y tú caminas con esa elegancia
que hace que hasta el mar
parezca detenerse para admirarte.
A veces creo
que aquella arena
todavía conserva la huella
de tus pasos,
como mi corazón
conserva la huella
de tu amor.
Paso otra página.
Te veo rodeada de los tuyos,
sonriendo con esa naturalidad
que tanto me enamora.
Entonces comprendo
que la mujer de la que me enamoré
no solo era hermosa por fuera,
sino también por la inmensa luz
que llevaba dentro.
Y llego a nuestra fotografía favorita.
Quizá para cualquiera
sea solo una imagen.
Para mí
es un refugio.
Porque cuando la distancia pesa,
cuando el silencio duele
y la nostalgia llama a mi puerta,
basta con mirar tu rostro
para volver a sentir
que nunca te has marchado del todo.
Princesa del amanecer
No sé qué nos deparará el destino.
Solo sé
que mientras exista una fotografía tuya,
existirá un motivo para sonreír,
un recuerdo al que abrazarme
y un poema esperando
nacer entre mis manos.
Porque las fotografías
detienen el tiempo...
Pero tú detuviste mi corazón
el día en que entraste en mi vida.
Y desde entonces,
cada vez que vuelvo a mirarlas,
descubro que el verdadero retrato
no está dentro del álbum.
Está grabado para siempre
en lo más profundo de mi alma.