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la mujer que vivia en mis poemas

Jesus Gil · 25 sep 2026

LA MUJER QUE VIVÍA EN MIS POEMAS


Durante muchos años escribí poemas sin saber que, al reunirlos algún día, acabarían contando una historia.

Una historia de amor.

Desde los primeros versos del Poeta de la Noche hasta los escritos de los años más difíciles del Poeta de la Dulce Pena, hubo una mujer que apareció una y otra vez detrás de mis palabras: la princesa del amanecer.

No siempre escribía su nombre. A veces ni siquiera decía que estaba hablando de ella.

Pero allí estaba.

Estaba cuando escribía sobre unos ojos que brillaban de una forma especial.

Estaba cuando deseaba contemplar nuevamente aquella sonrisa que tanto me gustaba.

Estaba cuando imaginaba un abrazo, un beso en las mejillas o simplemente poder escuchar su voz al otro lado del teléfono.

Estaba cuando escribía:

Quisiera verte feliz.

Y también estaba cuando mis poemas comenzaron a llenarse de ausencia, miedo, lágrimas y dolor.

Durante aquellos años mis versos dijeron muchas cosas que quizá mi voz nunca supo explicar.

Dijeron que la quería.

Que deseaba verla.

Que me emocionaba estar junto a ella.

Que soñaba con hacerla feliz.

Que buscaba respuestas en su mirada.

Que algunas veces lloraba por ella y otras soñaba con llorar de felicidad al volver a verla.

Mis poemas fueron cambiando porque también estaba cambiando el hombre que los escribía.

Primero fui el Poeta de la Noche, aquel hombre romántico que todavía podía convertir una sonrisa, una mirada o un encuentro en unos versos.

Después llegaron tiempos mucho más difíciles y nació el Poeta de la Dulce Pena. Entonces el amor comenzó a mezclarse con el sufrimiento, la soledad y el miedo a perder definitivamente aquello que había significado tanto para mí.

Hoy, cuando recupero aquellos poemas tantos años después y los coloco por fechas, descubro algo que entonces no podía contemplar con perspectiva.

No escribí solamente poemas de amor.

Sin pretenderlo, fui escribiendo durante años la historia emocional de un hombre.

Mi propia historia.

Una historia donde hubo ilusión y desengaño, encuentros y ausencias, sonrisas y lágrimas, sueños que parecían posibles y otros que nunca llegaron a cumplirse.

Y en una parte inmensa de aquellos versos siempre aparecía la misma figura.

La mujer de los ojos brillantes.

La mujer de la sonrisa que quería volver a contemplar.

La mujer a la que tantas veces quise decirle cuánto significaba para mí.

La princesa del amanecer.

Quizá por eso, cuando alguien quiera conocer algún día qué sentía realmente aquel poeta, no tendrá que preguntármelo.

Solo tendrá que leer mis poemas.

Porque allí quedó escrito.

Poema tras poema.

Año tras año.

Lágrima tras lágrima.

Y entre todos aquellos versos encontrará una verdad muy sencilla:

hubo un tiempo en que mi corazón convirtió a una mujer en poesía y mis poemas la llamaron princesa del amanecer.

— Poeta de la Dulce Pena