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El interior del poeta

Jesus Gil · 6 oct 2026

El interior del poeta


Soy muy romántico y muy sensible. Vivo, pienso y actúo de una manera romántica. Esa es mi forma de ser, y de ella nacen mis poemas.

Me emocionan cosas que pueden parecer pequeñas: una sonrisa dedicada, una voz que me pregunta cómo estoy, un beso en la mejilla o un abrazo que, sin palabras, me dice «tenía ganas de verte». Esos momentos se quedan conmigo. A veces pasan años y todavía recuerdo lo que sentí.

Cuando quiero a alguien, me nace cuidarlo, escucharlo y buscar alguna manera de alegrarle el día. Muchas veces esa manera es un poema. Escribo lo que me cuesta decir de viva voz y también lo que me gustaría compartir: un café, un paseo, una conversación sin prisas.

La vida me ha dado muchos palos. He vivido decepciones, pérdidas y silencios que me dolieron profundamente. A veces he sentido que mantener mis creencias y mis sueños me dejaba más expuesto al dolor. Aun así, sigo dando valor a la ternura, a la amistad sincera y al amor.

También voy aprendiendo a cuidar de mí. Mi sensibilidad merece cariño, descanso y respeto. Quiero conservar mis ilusiones y compartirlas con personas que deseen estar a mi lado.

En mi mundo de Poemas de la Noche, todo es posible. El sol se pone un traje de noche, la luna se viste de día y las estrellas lloran de emoción. Una tormenta puede traer un regreso imaginado; una musa con su sartén puede arrancarme una carcajada.

En esas historias caben mis recuerdos, mis deseos y mi humor. Por eso unos poemas son románticos y otros desgarradores: cada uno recoge una emoción distinta del hombre que los escribe.

Ese es el interior del poeta: un hombre que siente intensamente, que guarda los pequeños gestos y que todavía encuentra en una noche de lluvia una historia por contar.

Poeta de la Dulce Pena