Durante mucho tiempo pensé que simplemente estaba intentando sobrevivir.
Hoy empiezo a comprender que quizá estaba construyendo algo mucho más grande.
Hubo un Jesús que llevaba una vida aparentemente normal.
Después llegó el Poeta de la Noche.
Entre 2012 y 2015 comenzaron a naufragar muchas cosas. El matrimonio empezó a romperse y el poeta se enamoró de la Princesa del Amanecer, sin imaginar todavía todo lo que estaba a punto de suceder.
Después llegaron los años oscuros.
Entre 2015 y 2018 todo pareció derrumbarse.
Bajé a mis propios infiernos.
Me sentí abandonado, completamente solo.
Pero precisamente allí, cuando parecía que ya no quedaba nada, nació el Poeta de la Dulce Pena.
Y ocurrió algo que entonces no podía comprender:
el dolor comenzó a convertirse en poesía.
Aquello que podía haber quedado únicamente como heridas empezó a transformarse en palabras, poemas, cartas, historias y recuerdos.
Con el tiempo comenzó el ascenso.
No fue rápido.
No fue fácil.
Y tampoco fue una línea recta.
Fue un camino largo, duro y lleno de obstáculos.
Pero poco a poco aparecieron nuevos proyectos, nuevos sueños y nuevas ilusiones.
Libros.
Poemas de la Noche.
Nuevos conocimientos.
Aprendizaje.
Escritura.
Inteligencia artificial.
Y ahora, con la jubilación acercándose, una nueva etapa comienza a tomar forma.
Pero hay un proyecto que está por encima de todos los demás:
El triunfo de la voluntad frente a la adversidad.
No es solamente un libro.
Es el conjunto de todo este camino.
Es la memoria de lo vivido.
Es la historia de las caídas.
Es la historia de cómo el dolor se convirtió en poesía.
Y algún día, cuando yo ya no esté, quiero que mis descendientes puedan abrir mis libros y decir:
«Ese fue mi padre.
Ese fue mi abuelo.
Ese fue mi bisabuelo.
Ese fue Jesús Gil, el Poeta de la Dulce Pena.»
Y que sepan que por sus venas corre la sangre de alguien que tuvo que enfrentarse a la vida cuando parecía tenerlo todo en contra.
No quiero que recuerden solamente mis heridas.
Quiero que recuerden que seguí caminando.
Que seguí creando.
Que seguí soñando.
Que no permití que los golpes de la vida escribieran el final de mi historia.
Porque todavía queda una última imagen.
El Ave Fénix.
Quizá algunos pensaron que estaba destruido.
Quizá pensaron que me habían enterrado varios metros bajo tierra.
Quizá pensaron que allí terminaría todo.
Pero confundieron estar enterrado con estar muerto.
Porque algunas veces, bajo tierra, no termina una historia.
Empieza una resurrección.
Y mi Ave Fénix volverá a volar.
Cada vez más alto.
Cada vez más fuerte.
Cada vez con más luz.
Y quizá algún día alguien se pregunte:
«¿Cómo lo hizo, si creíamos que lo habíamos destruido?»
La respuesta estará escrita en cada página.
Voluntad.
No una voluntad perfecta.
No una voluntad invencible.
La voluntad de levantarse una vez más.
Porque el verdadero triunfo no consiste en no caer.
Consiste en decidir que la caída no será el final.
Y ese es el verdadero significado de mi proyecto:
Jesús Gil Gil
El Poeta de la Dulce Pena